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La Fundación para la Adopción, Apadrinamiento y Defensa de los Animales (FAADA), Barcelona

Los espectáculos comerciales de los delfinarios pueden parecer divertidos pero la realidad es otra. Numerosa evidencia científica demuestra que los mamíferos marinos sufren considerablemente en cautiverio donde no pueden satisfacer sus necesidades de comportamiento y fisiológicas. Las pequeñas piscinas, sin ningún tipo de enriquecimiento ambiental, les provocan estrés y agresividad, reducen sus expectativas de vida y provocan numerosos problemas para su salud.

Muestra de ello es que el Zoo de Barcelona administra Valium a sus delfines para evitar que estos muestren comportamientos anormales. En otros delfinarios se suministran esteroides a los machos para que no sean agresivos y puedan rendir en los “shows”.

Una vida en un tanque de cemento, dando vueltas constantemente nunca será un sustituto aceptable al vasto océano. Ningún ser nace para vivir encerrado, y los delfines, viajeros incansables, nunca se adaptan a vivir en tanques de cemento. Sus complejas necesidades les hacen inadaptables al cautiverio, por mucho que se intente “enriquecer” su entorno con pelotas y juegos varios. Los espectáculos con estos animales resultan además antieducativos y no existen en los delfinarios programas de investigación y conservación ex situ viables para estos animales.

Se estima que actualmente hay en el mundo unos 1,000 delfines mantenidos en cautiverio. Aunque la mayoría viven en delfinarios y parques acuáticos, también hay delfines en centros comerciales, discotecas, hoteles e incluso los ejércitos los han utilizado en experimentos bélicos. 

Las imágenes de películas y series en que los delfines salvajes simpatizan y ayudan a las personas han creado una imagen distorsionada de ellos. Lamentablemente para los delfines, sus caras muestran un rictus que los humanos pueden asociar a una sonrisa, dando la impresión así de estar felices y bien. Esta “sonrisa” oculta la naturaleza agresiva de estos animales.

Delfines capturados en cautiverio. Foto vía www.dolphinproject.org

Efectos del Cautiverio

En cautiverio las condiciones de vida de estos animales y su bienestar tanto físico como psicológico les afectan gravemente ya que no son comparables con su vida salvaje en los océanos. La calidad de vida de los delfines en cautiverio debe ser tomada en consideración.

Algunas de las condiciones negativas del cautiverio son:
Agua artificial (agua dulce y sal con aditivos químicos y microbios)
Luz y sonidos artificiales
Dieta restringida (se mantienen con hambre para que trabajen mejor durante las actuaciones) y distinta a la suya (pescado muerto)
Poco descanso
Tanques y piscinas de muy reducidas dimensiones.
Otros efectos del cautiverio sobre los animales son:
Atrofia del cerebro (especialmente de las áreas relacionadas con la comunicación)
Cambio del comportamiento acústico (se apoyan más en estímulos visuales, no emiten sonidos bajo el agua, sólo los nasales inducidos por el hombre)
Problemas alimentarios (Perdida de peso, obesidad)
Comportamientos estereotipados típicos de los animales en cautiverio (movimientos repetitivos, cambios de dirección, etc.)
Mala socialización, desarrollo de guerras de dominio, agresión, sumisión, muerte de los miembros más débiles.
Relaciones sexuales anormales; de manera excesiva, entre distintas especies, masturbación
Estrés y angustia fisiológica que pueden causar neurosis, úlceras, vómitos, aumento de las glándulas adrenales, aumento de la susceptibilidad a enfermedades e incluso la muerte.

Matanza de delfines en Taiji, Japón. Foto vía www.dolphinproject.org

Capturas

La población cautiva es insostenible para mantener esta creciente industria por lo que se están intensificando las capturas de delfines salvajes para suministrar a estos centros. A menudo para esquivar la legislación que limita estas prácticas, se recurre a lugares “de paso” para certificar que no provienen directamente de la naturaleza.

Las capturas se llevan a cabo brutalmente y sin estudios adecuados que determinen si las poblaciones pueden soportar las presiones de la captura. Al ser estos animales altamente sociales, la captura de un solo individuo puede afectar profundamente las estructuras sociales de la manada y la población entera. Muchos de los delfines que no son capturados para los centros de cautiverio, mueren del shock y del estrés provocados por el acoso al que son sometidos los grupos. Más tarde, algunas hembras embarazadas pueden abortar sus fetos o madres pueden dejar de lactar muriendo así sus crías. El estrés que supone capturarlos, separarlos de sus familias y colocarlos en pequeños tanques en que tan sólo pueden nadar en círculos les deprime y debilita, llevando a la muerte a muchos ejemplares. Otros mueren a consecuencia de traumatismos e infecciones provocadas durante la captura.

Aunque algunos sean nacidos en cautiverio, estos animales salvajes mantienen sus fuertes instintos y sufren igualmente en los delfinarios que aquellos capturados de la naturaleza. Además, el hecho que sean nacidos en cautiverio no es razón para desposeerlos de sus derechos como seres vivos con grandes capacidades cognitivas.

Centro de atraccciones en Indonesia. Foto vía www.dolphinproject.org

Mortalidad

Diversos estudios demuestran que los delfines tienen una esperanza de vida inferior en cautiverio que en libertad. En la naturaleza, la esperanza de vida de los delfines es de unos 50 años, mientras que en cautiverio su mortalidad es del 60%. La mayoría mueren a causa de infecciones  y fallos respiratorios. También les afecta el estrés (que aumenta su susceptibilidad a enfermedades), se ahogan al ingerir objetos que caen, o son lanzados a sus tanques, por agresiones de otros animales cautivos también frustrados, por enfermedades e incluso porcomportamientos auto-destructivos (tendencias suicidas).

El número de delfines mantenidos en cautiverio en Europa es fluctuante ya que es frecuente la muerte y reposición de los individuos. Como las muertes de crías de menos de un año no se contabilizan y existe una alt amortalidad postnatal, el número total de animales muertos en estos centros se mantiene oculto de la luz pública. La cría de beluga que nació en el Oceanográfico de Valencia, por ejemplo, murió a los 25 días de nacer. De los más de 13 delfines nacidos en el Zoo de Barcelona entre los años 80 y 2000, sólo 4 lograron pasar el destete, Inuk, Blau, Tumay y una hembra vendida al Zoo de Lisboa. Algunos de éstos ya han muerto, así como sus progenitores.

En la naturaleza

Los delfines más utilizados por la industria del cautiverio pertenecen a la especie nariz de botella (Tursiops Truncatus). Estos mamíferos marinos suelen medir de 2,5 a 3 metros y pesar entre 140 y 270 kilos.

En la naturaleza, los delfines suelen nadar entre 80 y 160 kilómetros diarios, se sumergen a varios metros de profundidad y sólo pasan un 15% de su tiempo en la superficie, nadan hasta cuando duermen, siempre están alerta y en movimiento. Así pues no es difícil imaginar el sufrimiento que el confinamiento, en pequeñas y poco profundas piscinas, implica para ellos. En cautiverio se observan a menudo delfines flotando en la superficie sin moverse, letárgicos.

En la naturaleza estos animales viven en grupos de entre 15 y 60 individuos, los lazos sociales en estas manadas son cohesionadas y duraderas, especialmente entre las madres y sus crías, y otros toda la vida. En cautiverio, se alojan juntos delfines de distintos orígenes creando grupos sociales totalmente artificiales que no les permiten establecer una jerarquía.

El sentido dominante de los delfines en la naturaleza, con el que perciben su entorno, es la ecolocalización, un sofisticado sistema de sónar. Se cree que el cautiverio atrofia este sentido ya que no tienen ninguna utilidad para éste, dejando de utilizarlo debido a que rebota en las frías paredes de los tanques ensordeciendo y enloqueciéndolos, y porque ya no lo necesitan para pescar. Esto explica porqué estos animales equipados con ecolocalización natural y capacidad sónica han chocado contra las paredes de los tanques resultando heridos e incluso muertos.

Conservación

La mayoría de los centros que mantienen cetáceos en cautiverio afirman jugar un papel en la conservación de estas especies. Sin embargo, apenas se ha realizado ninguna investigación seria en los delfines cautivos que pueda contribuir a las iniciativas de conservación. ¿En qué contribuyen los espectáculos circenses a la conservación? ¿Por qué presionan a la Comisión Internacional Ballenera para que no apruebe leyes que protejan a los pequeños cetáceos?

En 2004, España permitió la primera importación de orcas a la UE en 10 años. Aunque importados con un permiso de cría en cautiverio para su conservación, estos animales participan en espectáculos circenses al son de la música de discoteca.

Ataques

Delfines y orcas son animales peligrosos y el conflicto constante entre sus instintos y las condiciones de vida impuestas por el cautiverio, les pueden tornar agresivos resultando en ataques a las personas. En 2010, una orca mató a su entrenadora en Orlando, EUA. En España, una orca de Loroparque, en Tenerife, también mató a uno de sus entrenadores. Asimismo, un delfín atacó a su cuidadora en la cara en el Oceanográfico de Valencia demostrando que son animales estresados, por lo tanto pueden ser agresivos, al contrario de lo que su engañoso rictus facial pueda indicar.

Criticismos

Es significativo que los principales críticos de la manutención de cetáceos en cautiverio y de los espectáculos que los utilizan, sean personas que en un pasado han trabajado para la industria del cautiverio. Richard O’Barry, el ex_entrenador de los delfines que representaban al delfín Flipper en la conocida serie televisiva, dedica ahora su vida a luchar contra los delfinarios a través de la entidad The Dophin Project. Asimismo, Albert López, ex jefe de entrenadores de mamíferos marinos del Zoo de Barcelona, ex responsable del Delfinario Oltremare y ex consultor del Acquario di Genova, ambos en Italia, admite que los delfines en los parques acuáticos están “francamente mal” y que “si actúan durante los espectáculos es por hambre”. Asimismo, López desmiente la supuesta función educativa y de conservación que alegan las empresas propietarias de estos centros como finalidad de sus establecimientos y espectáculos. En la actualidad, Albert López coordina el Proyecto NINAM, una plataforma de estudio de cetáceos que desarrolla censos en la zona de Cap de Creus y trabaja en la sensibilización y educación ambiental a través de los avistamientos. Su propio nombre (NINAM) es un tributo a cinco de los delfines de Zoo de Barcelona (tres de ellos – incluyendo la tan publicitada Nereida – ya muertos) y quienes no podrán retornar jamás al mar. 
 

Fuente: Delfinarios, nadar con delfines y delfinoterapia, nuevas formas de explotación de los animales


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